Mirada masculina y femenina en el arte

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1.- Desnudas en el museo.

Uno de los datos más potentes y visuales que nos da a conocer cuál es el rol femenino en el arte es el estudio de las “Guerrilla girls” en el “Metropolitan Museum de Nueva York” (el cual se ha replicado en museos de todo el mundo): menos del 5% de artistas en la sección de arte moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos en esas mismas salas son femeninos.

En España, en el Museo del Prado, sólo el 0,6% de las obras expuestas son realizadas por mujeres, aunque la figura femenina es el tema central de cientos de sus cuadros más famosos.

Insistimos en condenar a las mujeres a ser eternas musas del deseo sexual.

¿Hay qué estar desnuda para entrar en un museo?

2.- La teoría del Male gaze.

Este es un término acuñado en 1975 por la teórica feminista Laura Mulvey. Propuso la idea de que la representación visual en los medios, especialmente en el cine, estaba dominada por la perspectiva masculina, afectando la forma en que se presentan y perciben los personajes femeninos. Este fenómeno no se limita únicamente al cine, sino que se extiende a diversas formas de medios y expresiones culturales, desde las galerías de arte, hasta los anuncios de televisión.

Se compone de dos elementos clave: el primero es la mirada de la cámara, que se considera masculina al enfocarse y representar a los personajes desde la perspectiva de un observador masculino. El segundo elemento es la mirada del personaje masculino dentro de la narrativa, que tiende a objetivar y cosificar a los personajes femeninos. Ambos elementos trabajan en conjunto para consolidar una representación visual que refuerza las normas de género tradicionales.

3.- Male gaze y female gaze.

Cada género da prioridad a algo diferente:

Rol de la mujer: La mirada masculina tiende a mostrar a la mujer como un objeto, pasiva, decorativa, solo tiene la función de ser mirada. La mirada femenina, en cambio, nos muestra a una mujer activa, dueña de sus propia historia.

Enfoque: En las obras masculinas encontramos mujeres con el cuerpo mayormente sexualizado (pecho prominente, labios gruesos…), mientras que las obras femeninas se centran en la emoción, introspección y la experiencia real de habitar ese cuerpo.

La intención: la intención tras las obras masculinas son, principalmente, el placer visual del espectador, sin embargo, las mujeres tratan de crear empatía y conexión con la vivencia de la mujer.

Cuerpo: Los hombres muestran un cuerpo totalmente idealizado o perfecto bajo el canon de belleza. Las mujeres muestran cuerpos más reales, con texturas, imperfecciones y diversos estados emocionales.

4.- Deconstruir el Male Gaze.

Deconstruir la “mirada masculina” no significa dejar de hacer desnudos, de dejar de admirar lo bello del cuerpo, sino de cambiar el poder de lugar, de pasar de ver a la mujer como un objeto decorativo, a verla como sen humano con voluntad propia. Representar no es lo mismo que cosificar.

¿Cómo podemos romper con esta mirada?

De pasiva a activa: en el arte tradicional, suele estar tumbada tímidamente. Para cambiarlo dale una acción que realizar, como que esté trabajando, riendo, deja que mire a “cámara” directamente como desafío al espectador no como invitación sugerente. Cuando la mujer mira fijamente a quien la observa deja de ser un objeto y también juzga a quien la mira.

Eliminar la fragmentación corporal: Muestra su cuerpo completo o en un contexto donde es una herramienta para una acción, no un fin en sí mismo. Fragmentar el cuerpo y enfocarse sólo en lagunas zonas hace que pierda su identidad y sea solo un “trozo de carne”.

Fuera de foco: descentra la importancia de los atributos sexuales y enfoca en las manos, los ojos o su entorno.

Muestra la “Realidad sensorial”: La mirada femenina a menudo se centra en mostrar la realidad de habitar ese cuerpo y no en como se ve desde fuera. Muestra texturas reales como estrías, vello, sudor… esto rompe la fantasía de la sexualización masculina y devuelve la humanidad.

Estado no performativo: Captura momentos donde la mujer no se centre en la cámara, que no pose para que la miren o para agradar a otros.

Diversificar el deseo: La mirada masculina suele centrarse en un sólo tipo de mujer, (una raza, un solo tipo de cuerpo, una sola franja de edad…), así que muestra diversos tipos de cuerpos, eso desarticula la idea de que las mujeres deben entrar en un canon de belleza único pensado para el consumo ajeno.

Deconstruir la mirada masculina no es censurar el deseo, es exigir que se nos reconozca la capacidad de desear y de ser, más allá de ser vistas.
La mirada femenina busca la verdad, no la fantasía.

5.- Identifica el Male Gaze.

¿Sabrías identificar si una obra se creó bajo una mirada masculina?

Hagamos este ejercicio la próxima vez que veamos una obra:

Test de intercambio: Si pusieras a un hombre en esa misma pose sería ridículo o vulnerable? Si la respuesta es “sí”, hay Male Gaze.

Pregunta a la obra: ¿Qué está pensando esa mujer? Si la única respuesta posible es “espera que la miren o la deseen”, está sexualizada.

Identifica la intención: ¿La imagen intenta vender una, fantasía o intenta contarte una historia personal?

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