El abuso sexual infantil es la imposición por parte de un adulto o de otro menor, de una actividad de carácter sexual a un niño, niña o adolescente aprovechando la desigualdad de poder para obtener una satisfacción sexual.
Los abusos sexuales tienen graves consecuencias psicológicas, emocionales y sociales, a corto y a largo plazo para las víctimas.
El abuso sexual infantil es un problema de salud pública de gran magnitud, requiere de una atención especializada en todas sus dimensiones (sanitaria, social y judicial) y, sobre todo, de una toma de conciencia por parte de toda la sociedad para su prevención y detección temprana.
En nuestro país, la mayoría de profesionales siguen los criterios clínicos de coerción y asimetría de edad para definir el abuso sexual infantil.
Por coerción, se entiende el contacto sexual mantenido con un menor mediante el uso de la
amenaza, presión, fuerza física, autoridad, manipulación o engaño.
Por su parte, la asimetría de edad, impide la verdadera libertad de decisión del menor e
imposibilita una actividad sexual compartida, ya que los participantes tienen experiencias,
grado de madurez biológica y expectativas muy diferentes respecto a la relación sexual.
Qué se considera Abuso sexual infantil:
- Tocamientos inadecuados
- Exhibicionismo
- Voyerismo
- Posesión y/o distribución de material audiovisual de contenido sexual infantil
- Participación y/o exposición del menor a material audiovisual de contenido sexual
- Violación
- Abuso sexual verbal
- Explotación sexual infantil
- Sextorsión o Grooming
El perfil del agresor está en un 84% en el entorno directo del niño, siendo muchas veces una “persona de confianza”. El abusador más frecuente dentro del entorno familiar es el padre u otro familiar, la pareja de la madre típicamente masculina, el abuelo o el tío.
En el análisis de agresores conocidos fuera del entorno familiar, destacan amistades o compañeros de la víctima, conocidos de la familia y educadores.
Debido a que el abusador suele ser parte del entorno del menor, que se ha dado un ejercicio de manipulación y que hay un tabú social respecto a la sexualidad; aparecen en la víctima sentimientos de vergüenza, miedo, culpa, o lealtad hacia el agresor, es por ello que existe una barrera a la revelación y denuncia.
Esta situación y sus consecuencias empeoran en los casos en los que no se cree el relato del menor cuando este se atreve a pedir ayuda.
La agresión de menores de edad:
- Es una consecuencia del abuso de poder, se sostiene en una relación asimétrica. Se utiliza la coerción, el engaño, la manipulación, la seducción y la desigualdad madurativa.
- Es la expresión de la cosificación de la otra persona, reducido a objeto de placer.
- Tiene importantes consecuencias, llegando a afectar al desarrollo de la vida adulta.
- Cualquier menor de edad se encuentra en riesgo de convertirse en víctima de agresión sexual, independientemente de su origen y características personales.
Estudios realizados en España y en otros países de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, estiman que:
- Un 23-25% de las niñas y un 10-15% de los niños sufren abusos sexuales antes de los 17 años.
- El 60% no recibe ningún tipo de ayuda.
- Un 90% nada dice hasta la edad adulta.
- Tan solo el 10% de los abusos llega a denunciarse.
Cualquier persona menor de edad se encuentra en riesgo de convertirse en víctima de agresión sexual, pero también existen colectivos donde estas posibilidades aumentan como: los/as menores institucionalizados/as, con discapacidad, en situación de pobreza y vulnerabilidad, menores en familias disfuncionales, en familias con antecedentes de agresión sexual, solitarios, con dificultades para relacionarse.
¿Cómo prevenirlo?
1. Enséñele al menor a nombrar las partes del cuerpo por su verdadero nombre (p*chos, v*lva, p*ne), no se puede hablar de lo que no tiene nombre.
2. Hágale saber al menor que tiene derecho a tomar decisiones respecto a su cuerpo. Aliente a su niño a sentirse seguro en decir que NO y que los demás deben respetarlo.
3. Explicar a los menores que nadie puede tocar sus genitales a parte de sus cuidadores o personal sanitario para llevar a cabo cuidados necesarios.
Se recomienda narrar a los menores que se les hace cuando se les viste, limpia o se les cura, así pueden ir sabiendo cual es el contacto adecuado con su cuerpo y diferenciar del que no.
4. Evite enfocarse solamente en “el peligro con los desconocidos”. Recuerde que la mayoría de los niños son abusados por personas que ellos conocen y en quien ellos confían.
5. Hablar con los niños/as de la diferencia entre los secretos buenos y los malos.
Los buenos secretos son aquellos que hacen ilusión, que generan buenas sensaciones, tienen un final y siempre los puedes contar a alguien, por ejemplo: en una sorpresa de cumpleaños, la persona que cumple años no puede saberlo, pero los demás sí, se termina cuando se hace la fiesta y es algo que genera ilusión.
Los malos secretos generan malas sensaciones, no le gusta lo que pasa, siente miedo, no tiene claro si lo que pasa está bien o no. Estos malos secretos deben contarlos a alguien que crean que les va a ayudar.
6. Los adultos somos los responsables del cuidado de los menores. Estar atentos a sus malestares o cambios de conducta es importante.
¿Cómo detectarlo?
Los niños que han sido abusados sexualmente pueden mostrar diversas reacciones en su comportamiento y estado emocional, como también indicadores físicos.
Algunos de los más comunes son:
- Aumento de pesadillas, dificultades para dormir.
- Dolor, heridas o moretones en los genitales y otras partes del cuerpo.
- Infecciones frecuentes de orina.
- Conducta retraída, tristeza, aislamiento.
- Agresividad, ataques de ira.
- Ansiedad o depresión.
- Miedo a quedarse a solas con una persona o grupo en particular.
- Baja autoestima.
- Bajo rendimiento escolar, problemas cognitivos.
- Conocimiento de temas sexuales, vocabulario y/o conducta inapropiada para una niña/o de su edad.
- Drogas, alcohol, escapadas.
- Conocimiento de temas sexuales, vocabulario y/o conducta inapropiada para un niño de su edad.
Aunque muchos niños muestran cambios en su conducta o estado emocional, hay otros que no. Por lo tanto, es fundamental enfocarse no sólo en la identificación, sino también en la prevención del abuso sexual y en la comunicación.
Algunos de los síntomas anteriores, también pueden ser señales de otros tipos de abuso, por lo que se necesita saber cuanto antes donde se origina.
¿Cómo actuar?
Cuando detectes algún abuso sobre el menor mantén la calma. Ese menor que viene buscando ayuda no necesita nuestro miedo, rabia, culpa… NECESITA NUESTRA SEGURIDAD.
Trata de comunicarte con el niño con el mayor tacto posible. “Gracias por confiar en mí y por contármelo. Eres un/a valiente, te voy a proteger, ya no estás solo, estás a salvo”
Cree al menor. A la sociedad nos tiene que quedar claro que el silencio es el mayor amigo de los abusadores. Mirar para otro lado, dejarnos arrastrar por el miedo y no actuar o pensar que eso no puede haber sucedido, son reacciones que ayudan a perpetuar el abuso.
Nunca culpes al menor. Un menor no está en la posición ni capacidad de ser responsable de un abuso sexual. Es responsabilidad del adulto saber donde están los límites.
Ante cualquier sospecha ponte en contacto inmediatamente con los organismos competentes.
A continuación te ofrecemos un listado de números y lugares a los que acudir:
- Emergencias (112 o 091 en España)
- Infancia en Riesgo (Línea 116111)
- Violencia de género (016)
- Policía Nacional (091) Sobre pornografía infantil:(denuncias.pornografia.infantil@policía.es)
- Guardia Civil (062) tienen unidades especializadas (UFAM/EMUME) para estos casos.
- INCIBE (017) Línea gratuíta de ciberseguridad.
- Brigada central de Investigación tecnológica (Puedes denunciar online en su portal ofical)
- Servicios sociales de tu ayuntamiento.
- Centros de salud / Pediatría.
También puedes acudir a fundaciones como:
- Save the Children ( 900 37 37 15 ) (colabora@savethechildren.org)
- Fundación ANAR ( 900 20 20 10 )
- Fundación Vicki Bernadet (info@fbernadet.org)
- FAPMI – ECPAT (fapmi.es) Consulta contacto por comunidad autónoma.
Cuentos
Te recomendamos los siguientes libros para prevenir el abuso infantil desde temprana edad.
Léelos con ellos para ayudarles a comprender y fortalecer la confianza mutua.







